Val de Zafán: de ferrocarril a “ecocarril”

DOCUMENTO

La historia de la actual vía verde de Val de Zafán se remonta al año 1863, cuando se proyecta una unión ferroviaria entre La Puebla de Híjar (Teruel) y San Carles de la Rápita (Tarragona), supuestamente con intereses comerciales y, sobre todo, estratégicos en una posible contienda bélica.

Las obras de la vía se iniciaron en 1891 por parte de la Compañía del Ferrocarril del Val de Zafán, comenzando la explotación del tramo entre La Puebla de Híjar y Alcañiz en 1895.

Sorprendentemente, la prolongación del trazado hasta Tortosa (Tarragona) no tendría lugar hasta 1942, en plena Guerra Civil y con claros intereses logísticos durante la trístemente célebre Batalla del Ebro.

En 1973, el hundimiento de un túnel entre las estaciones de Prat de Compte y Pinell de Brai sirve como detonante para la clausura de la línea sin que el tramo entre Tortosa y San Carles de la Rápita hubiera sido terminado, en el que solamente se llevó a cabo la explanación del trazado.

Actualmente (mayo de 2008), el trazado se encuentra acondicionado como vía verde entre las antiguas estaciones de Valdealgorfa y Arnes-Lledó. A partir de esta última, se inicia otra vía verde acondicionada, la de la Terra Alta. El tramo entre las de Alcañiz y Valdealgorfa no está acondicionado como vía verde, a pesar de lo cual es perfectamente transitable y únicamente es necesario prestar atención a los vehículos de motor en circulación.

En total, si contamos el trazado entre las estaciones de Alcañiz y Arnes-Lledó, disponemos de una distancia de unos 48 km, con un perfil altimétrico no muy abrupto, pero sí con un desnivel máximo de unos 96 m. Los puntos más alto y más bajo se dan, respectivamente, en la estación de Valjunquera (516 m) y en el Viaducto sobre el Algars (420 m).

A continuación realizo una somera descripción de este interesante recorrido.

El punto de partida (km 0) será la antigua estación de Alcañiz. Este es un edificio de cierta importancia, aunque actualmente está en un estado de ruína casi total. Aún se adivinan recintos que antaño debieron ser cocheras, muelles y talleres.

Desde la estación en adelante el trazado discurre predominantemente en terraplén (aunque se atraviesan un par de desmontes pequeños) y en descenso, ofreciéndonos una vista espléndida de Alcañiz. Pronto llegamos al antiguo apeadero (km 2), actualmente reconvertido en una guardería. Inmediatamente alcanzamos la intersección del trazado con la actual carretera N-211, en donde será necesario prestar atención a la circulación. Tras cruzar la carretera, nos adentramos en el primer túnel, de unos 120 m en curva. No es necesario usar iluminación para atravesarlo, pero sí tener mucho cuidado con la circulación.

Tras salir del túnel, el trazado discurre al lado del río Guadalope sobre un largo terraplén desde el que vemos parte de la vega del río. Un nuevo túnel de unos 100 m que puede atravesarse sin iluminación nos conduce de nuevo a la vega del río, al que finalmente acaba cruzando sobre un viaducto de tres arcos.

Casi de inmediato, el trazado nos introduce en otro túnel, esta vez de unos 300 m en curva que sí necesita iluminación para ser atravesado, dentro del cual va efectuando un notable giro hasta abandonar el curso del río Guadalope y adentrarse en una prolongada val por la que nos alejaremos de Alcañiz en un trayecto monótonamente rectilíneo, salpicado por campos de cultivo de olivos, almendros y cereal.

En el km 9 encontramos el cruce con el camino que conduce al yacimiento de pinturas rupestres de Aguas Amargas, el cual queda a una distancia de unos 10 km. Cruzamos un nuevo túnel de 90 m de longitud que no requiere iluminación, y comenzamos un intervalo entre lomas que se resuelve en varios desmontes y que nos conduce a una nueva recta desde la que ya divisamos la torre de la iglesia de Valdealgorfa.

La estación de Valdealgorfa queda en el km 14. Sus instalaciones se encuentran abandonadas, aunque aparentemente están en un estado de conservación no del todo malo. Las actuaciones de acondicionamiento como vía verde se han iniciado en este punto y uno de los resultados es una pequeña zona de descanso con bancos y mesas de madera.

Atrás la estación, se nos presenta ante nosotros el impresionante túnel de Valdealgorfa. Con una longitud total de unos 2400 m, su trazado es totalmente rectilíneo, de manera que es posible divisar al fondo un punto de luz que es la boca de salida. De cualquier modo, es indispensable el uso de linterna para esta travesía. Parece ser que en dos ocasiones al año los rayos solares atraviesan el túnel por completo y lo iluminan con un halo mortecino y misterioso. Estos dos días son el 26 de marzo y el 17 de septiembre, justo al amanecer.

Parece ser que el acondicionamiento como vía verde ha modificado en este punto el trazado para evitar cruzar el túnel, puesto que podría no cumplir las actuales normativas de evacuación. La verdad es que no he comprobado esta circunstancia, puesto que yo realize el recorrido pasando por el túnel.

Nos encontramos ya en vía verde acondicionada. Atravesamos desde este momento una sucesión de lomas y vaguadas que se han resuelto en trincheras y terraplenes de cierta entidad. En uno de estos terraplenes, divisamos a nuestra margen derecha la actual carretera N-420. Pronto la cruzaremos por un paso inferior que nos conduce a una nueva trinchera por la que llegaremos a la estación de Valjunquera (km 18).

Esta estación, abandonada como las otras, presenta un estado de conservación decente. Se trata de un conjunto de edificios situados a ambos márgenes de la vía. Encontramos como en Valdealgorfa un pequeño lugar de descanso con bancos y mesas de madera.

La estación de Valjunquera supone el punto más alto del trazado, estando a la cota 516. Hasta aquí hemos estado ascendiendo, lenta pero continuadamente.

Abandonamos la estación y continuamos el trayecto por una larga recta que va progresivamente descendiendo de cota. La vía continua serpenteando entre lomas y vaguadas, atravesándolas en trincheras y terraplenes, algunos de los cuales resultan de gran altura y se disponen sobre hermosas vaguadas ocupadas por distintos cultivos. Desde uno de estos terraplenes, se puede divisar a lo lejos el Mas de Labrador.

Tras un túnel de 113 m (puede cruzarse sin linterna), cuya trinchera de acceso y boca de entrada han sido estabilizadas por medio de la instalación de una malla metálica para el frenado de desprendimientos, nos situamos sobre un terraplén en curva desde el que podemos divisar al fondo la estación de Valdeltormo.

La estación de Valdeltormo se sitúa en el km 25. Sus edificios se encuentran bastante deteriorados y algunos de ellos han sido utilizados como corrales o para almacenamiento de materiales. Hasta hace poco existía todavía un muelle, pero el acondicionamiento como vía verde lo ha debido suprimir.

Las historias que me evoca esta estación son innumerables. Parte de mi vida la he pasado en Valdeltormo y la estación ha sido desde siempre punto de encuentro. De niños, solíamos salir a inspeccionar la estación y la vía, cuando todavía estaban instalados el balasto, las traviesas y los raíles. En primavera, era habitual ir a recoger cerezas de dos frutales enormes que habían crecido cerca del muelle. En tiempos de colegio, raro era el año en el que no se hacía alguna excursión a la estación, a merendar o a jugar. De algo mayores, la estación fué testigo mudo de nuestros primeros cigarrillos, nuestras primeras cervezas “Xibeca” y, en algunos casos, de ciertos escarceos amorosos. Los atronadores motores de nuestras motos de 49 cc rompían el silencio del lugar y las historias y charlas que junto a un fuero relatábamos, fumando y bebiendo, fueron interminables. El espíritu de aquellos días todavía me embarga cuando la visito.

Una vez abandonamos la para mí nostálgica estación de Valdeltormo, la vía nos adentra nuevamente en el pinar, atravesando mediante trincheras algunas lomas, hasta alcanzar un túnel en curva de unos 300 m actualmente provisto de iluminación automática. Tras continuar el recorrido todavía entre lomas y vaguadas, atravesando un nuevo túnel de no más de 150 m, nos encontramos de frente con el hermoso viaducto sobre el Matarraña, con cuatro arcos y de unos 150 m de longitud, el cual nos presenta una bella estampa de todo el valle del río Matarraña y nos da acceso a la estación de Torre del Compte, situada en el km 30.

Actualmente la estación ha sido rehabilitada en un hotel, por lo que el camino se desvía ligeramente y discurre durante unos metros por una carretera local por la que es necesario circular con un poco de cuidado.

A partir de este momento el trazado vuelve a ser ascendente. La vía discurre por una zona bastante agreste y solitaria en la que se suceden amplias trincheras y pequeños puentes sobre barrancos. Desde uno de estos puntos podemos todavía divisar la torre de la iglesia de Torre del Compte. De manera cada vez más frecuente, encontramos campos de cultivo a ambos márgenes, los cuales nos ofrecen una hermosa vista en época de flor.

Alcanzamos la estación de Valderrobres en el km 36. El aspecto general de esta no es muy distinto al del resto de estaciones, en cuanto a estado de conservación y a adecuación como zona de descanso.

Desde este altoplano de Valderrobres iniciamos el descenso prolongado hacia el valle del Algars. El trazado de la vía en este punto resulta bastante rectilíneo, aunque con algunas curvas bastante amplias. Atravesamos un paraje nuevamente de vaguadas principalmente, sobre las que la vía discurre en terraplenes de distinta entidad que finalmente nos llevan al punto más bajo del trayecto, el viaducto sobre el río Algars, similar al del Matarraña, situado a una altitud de 420 m.

El cauce de este río es la frontera natural entre las provincias de Teruel y Tarragona.

Finalmente, alcanzamos la estación de Arnes-Lledó en el km 44 y nuestro trayecto por la vía verde de Val de Zafán toca a su fin.

Los más valientes podrán ahora reposar y tal vez comer algo antes de iniciar la ruta de vuelta hasta Alcañiz. Los menos atrevidos podrán dar por concluida su experiencia por la sorprendente ruta de la vía verde de Val de Zafán.

Espero que, como me ocurre a mí, alguna persona más se sienta atrapada por el encanto de este tipo de rutas naturales y que pronto vuelva a pedalear por sus terraplenes, atravesar sus túneles, cruzar sus trincheras y sobrevolar los hermosos valles fluviales sobre sus notables viaductos.

Bibliografía:

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